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Alegorías de la vista: ceguera y poder en la Inglaterra anglosajona tardía

Alegorías de la vista: ceguera y poder en la Inglaterra anglosajona tardía

Alegorías de la vista: ceguera y poder en la Inglaterra anglosajona tardía

Por Matthew Firth

Ceræ: una revista de Australasia de estudios medievales y modernos tempranos, Vol.3 (2016)

Resumen: La necesidad práctica de la vista para una participación efectiva en la vida anglosajona se refleja en las representaciones multifacéticas del cegamiento punitivo en la literatura anglosajona tardía. Como motivo de empoderamiento o desempoderamiento, los actos de cegamiento impregnan las historias y hagiografías de los siglos XI y XII y cada modo narrativo ilumina diferentes actitudes sociales hacia la práctica. Estas narrativas reflejan un malestar social y la falta de evidencia de una cultura prevaleciente de cegamiento punitivo, junto con una creciente aceptación en la Inglaterra anglosajona tardía de la medida como una pena práctica. Como castigo legal codificado, el cegamiento estaba reservado para los criminales reincidentes: se castigaba la mutilación mientras se preservaba el alma para la redención del arrepentimiento. Una innovación legal del siglo XI, las historias y crónicas que relatan los eventos de este período muestran de manera similar una aceptación cada vez mayor del cegamiento como una práctica práctica de privación de agencia política personal. En contraste, el tropo del cegamiento en la narrativa hagiográfica muestra con frecuencia un comentario social que se opone a estos poderes políticos y legales. Cegamientos, intentos de cegamiento y curaciones son motivos que se utilizan para corregir los errores de los agentes temporales y otorgar el favor de Dios a un santo. Las narrativas conflictivas demuestran la actitud conflictiva hacia el cegamiento inherente a una cultura que consideraba la vista como un vehículo de poder.

Buscamos la luz y contemplamos las tinieblas:
brillo, y hemos caminado en el
oscuro. Hemos buscado a tientas la pared, y
como ciegos hemos andado como si tuviéramos
sin ojos: hemos tropezado al mediodía como
en la oscuridad, estamos en lugares oscuros como hombres muertos. (Isaías 59, 9-10.)

El código de leyes del siglo VII del rey Ethelberht de Kent atribuye un wergild de cincuenta chelines por sacarle un ojo. Esta pena es la más alta que exige el código legal para cualquier caso de mutilación, y es la misma que se impone por el asesinato de un hombre libre. El hecho de que la vista y la vida de un hombre tengan un valor proporcional dentro de este código de derecho anglosajón temprano demuestra una asociación cultural entre la vista y la agencia personal en las sociedades anglosajonas. En su génesis, esta conexión ilustra la necesidad práctica de la vista para una participación efectiva en la vida anglosajona.


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